Himno 422 · Nº 421 en el himnario anterior

Nada puede ya faltarme

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    Nada puede ya faltarme, porque Dios mis pasos guía
    a la tierra saludable, en divinos frutos rica.

    Dulce néctar de reposo son sus aguas cristalinas;
    ellas dan salud al alma y la llenan de delicias.

    Por la senda me conduce confortando el alma mía,
    por amor a su gran nombre, fuente viva de justicia.

    Cuando el tenebroso valle cruce de la muerte fría,
    no tendré temor alguno siendo Dios el que me guía.

    Con su vara y su cayado me dará consuelo y vida,
    y ante los que me persiguen mesa me pondrá, surtida.

    Con el bálsamo divino da alivio a toda herida,
    y rebosa ya la copa que me colma de alegría.

    La misericordia santa seguirá la senda mía,
    y de Dios en las mansiones moraré por largos días.

    Nada puede ya faltarme porque Dios mis pasos guía;
    él es mi Pastor amante, con ternura, fiel me cuida.