Himno 227 · Nº 224 en el himnario anterior

Preste oídos el humano

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    Preste oídos el humano a la voz del Salvador,
    regocíjese el que siente el pecado abrumador.

    Ya resuena el evangelio de la tierra en la ancha faz
    y de gracia ofrece al hombre el perdón, consuelo y paz.

    Vengan cuantos se acongojan por lograr con qué vivir,
    y en su afán tan solo rinden servidumbre hasta morir.

    Hay vestido más precioso, blanco, puro y eternal;
    es Jesús quien da a las almas ese manto celestial.

    Vengan todos los que sufran, los que sientan hambre y
    sed,
    los que débiles se encuentren, de este mundo a la merced.

    En Jesús hay pronto auxilio, hay hartura y bienestar;
    hay salud y fortaleza cual ninguno puede dar.

    ¿Por qué en rumbo siempre incierto vuestra vida
    recorréis?
    A Jesús venid, mortales, que muy cerca le tenéis.

    Él es vida en cielo y tierra, y la riqueza de su amor
    os mejora la presente y os reserva otra mejor.